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Los directores de 'Planet 51', Marcos Martínez, Javier Abad y Jorge Blanco (de i a d), posan junto al productor Ignacio Pérez Dolset. /Archivo
Un giro en el cine español: la necesidad de planificar y diseñar películas de muy diverso signo
¿Imitar para competir? ¿Adoptar modelos y compartimentos estancos eficaces para obtener resultados? Redescubrir el cine de género. ¿Ampliar un 'made in Spain' que refleje sensaciones de una industria de armazón prácticamente inexistente?. El tiempo dirá si la traducción en taquilla y el carácter de fenómeno adquirido por algunas películas de 2009, cuyos destellos pueden quedar certificados este mes con el Goya, son impulsos esporádicos o responden a una verdadera estrategia de futuro. Sólo tres ejemplos significativos por su calado entre el público y, por ende, en sus cifras de taquilla: 'Celda 211', que se augura como la estrella de esta edición de los premios, es una sólida reivindicación del cine de género; 'Planet 51' parece consolidar una estructura creativa en torno a la animación, que está dispuesta a plantar cara a una serie de factorías hasta ahora inamovibles; y 'Spanish Movie' rompe las taquillas de un cine-franquicia, entre la gamberrada y lo paródico, que se alimenta de una cómica impostura.
Los aficionados han vuelto al cine. La audiencia de las salas españolas aumentó un 2,8% y llegó a los 110 millones; y la recaudación también reflejó un alza espectacular, un 9% hasta alcanzar los 675 millones. Los éxitos de espectadores marcan una tendencia paralela en casi toda Europa (en España con menos fuerza incluso), aunque algunos ya advierten que sin poner coto a la piratería audiovisual difícilmente esta senda continuará con semejantes datos
'Ágora', de Alejandro Amenábar, logró 20,9 millones y el novel realizador Javier Ruiz Caldera firmó en 'Spanish Movie' otro taquillazo, practicando ese ejercicio mimético paródico en una cinta que se ríe de 'Volver', 'El orfanato', 'Los otros', 'No es país para viejos', 'Abre los ojos', 'El laberinto del fauno' o 'Rec'. Sus responsables parecen haber acertado con esta incursion inédita en el divertimento de sal gorda, ala hora de dirigirse a un público que deseaba las versiones domésticas de sus modelos americanos. Como sucede en la pantalla televisiva, el humor sube enteros convertido casi en una moda.
Del otro lado, 'Planet 51' es el resultón y loable esfuerzo por emular a los grandes estudios de la animación. El interrogante y la duda que queda en el aire es de planteamiento lógico: dirimir si el proyecto de esta empresa española en su intento de abrirse paso en un mercado tan competitivo como el de la animación, es un capricho aislado o una ardua tarea, una heroicidad o una fructífera demostración de resultados creíbles a largo plazo. 'Planet 51', en cualquier caso, se ha convertido, con un presupuesto de 50 millones de euros, en la película del género más cara -y ambiciosa-, de las realizadas hasta la fecha en nuestro país.
Un paso prudente y medido que se integra en una tendencia global que cabe interpretar como un giro en el cine español: la necesidad de planificar y diseñar películas de muy diverso signo, enfocadas con el fin primero de contentar y llamar la atención de públicos dispares.
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«Es bueno para el cine español abrise a otras formas de hacer cine», la actriz Leticia Herrero señala el impacto de nuevos formatos y géneros en el cine español. /G. De Oliveira